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Gestionar el riesgo sin transformar la desigualdad

  • Foto del escritor: RIGEN Colectiva
    RIGEN Colectiva
  • 19 jun
  • 2 min de lectura

Nunca tuvimos tantas herramientas para gestionar el riesgo y, a la vez, las pérdidas crecen y las desigualdades persisten. Sobre esa distancia, la que separa administrar el riesgo de transformar las condiciones que lo producen, giran las paradojas que compartimos en esta intervención.


Por invitación de la Dra. Verónica Capasso participamos en la conferencia “Gestionar el riesgo sin transformar la desigualdad”, en el marco del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Fue una oportunidad valiosa para reflexionar sobre la práctica de la gestión del riesgo de desastres. Hace años que trabajamos dentro de ese campo y esa experiencia da forma al modo en que miramos el riesgo. Desde ese recorrido quisimos compartir algunos de los dilemas que nos acompañan a diario.

  • Los puentes entre la academia y la gestión. La desigualdad estructural y la economía política del riesgo se traducen al lenguaje de indicadores, matrices y presupuestos, y así ganan seguimiento y lugar en la decisión pública. Vale la pena cuidar, en ese pasaje, el conflicto y la historia que les dan densidad.

  • La paradoja de la abundancia técnica. Hay más sistemas, fondos, seguros soberanos y modelos predictivos que nunca. Al mismo tiempo tenemos más pérdidas y una vulnerabilidad que se reproduce.

  • Lo visible y las causas de fondo. Siguiendo a Blaikie en At Risk, la gestión trabaja con fuerza sobre las condiciones inseguras, mientras las causas de fondo permanecen en el terreno más difícil de disputar, el del poder, la propiedad, el territorio y el modelo de desarrollo. Desde Revelando la trama ubicamos ahí también al patriarcado.

  • El peso de lo medible. La medición ordena la realidad y orienta las decisiones, y lo que entra en una métrica gana tracción institucional. Vale la pena cuidar las dimensiones que cuesta más cuantificar, como las relaciones de poder o las experiencias de exclusión, para que sigan pesando en la decisión pública.

  • Las preguntas que abre la resiliencia. Un lenguaje que moviliza consensos y que vale la pena interrogar. ¿Resiliencia para quién, de qué territorios y frente a qué condiciones? ¿Cuándo la adaptación permanente empieza a ocupar el lugar de la revolución?

  • El financiamiento como racionalidad. Los instrumentos contingentes y los seguros soberanos amplían la respuesta y suponen un criterio sobre qué pérdidas son aceptables. La evidencia que se prioriza define qué riesgos se vuelven visibles.


La gobernanza del riesgo avanza con fuerza donde puede traducirse en instrumentos, protocolos y declaraciones pero se vuelve más lenta donde haría falta discutir el poder, la propiedad y el territorio. Los mandatos institucionales y la arquitectura del financiamiento se diseñaron para gestionar y la tarea que nos interesa es abrir, dentro de ellos, lugar para transformarlo todo.

Quisimos cerrar esa tarde con las preguntas que sostienen nuestro trabajo. ¿Puede existir una gestión del riesgo verdaderamente transformadora dentro de modelos de desarrollo profundamente desiguales? ¿Qué implicaría volver a politizar el debate sobre el riesgo? ¿Cómo pasamos de gestionar impactos a transformar vulnerabilidades? Las traemos desde la práctica misma y desde las contradicciones que también habitan nuestro propio trabajo. La reducción del riesgo depende de mejores instrumentos y de la capacidad de cuestionar las estructuras que producen vulnerabilidad y reparten el riesgo de manera desigual. Ese es el horizonte que queremos seguir discutiendo.





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