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COVID-19: Se visibiliza una lucha inacabada.

En este artículo compartimos reflexiones a partir de los primeros hallazgos sobre COVID-19. Relatamos la búsqueda por documentos oficiales y noticias analizados con los lentes de la interseccionalidad, los impactos y vacíos diferenciados por género y el interrogante sobre cómo abordar la perspectiva de género en esta crisis mundial.


Con la llegada del COVID-19, Colectiva RIGEN emprendió una búsqueda de información para evidenciar logros o vacíos en la atención de esta crisis respecto al género.


El aumento exponencial de los casos de violencia basada en género (VBG) es uno de los puntos tristemente destacados desde el comienzo de la pandemia.


El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) señala que este tipo de violencia es más común en entornos de emergencias humanitarias y en estos casos las víctimas suelen ser mujeres y adolescentes cuya vulnerabilidad se agravaba en el caso de los aislamientos preventivos. Las condiciones del confinamiento, en las que gran parte de la población se encuentra, son un factor de riesgo ante este tipo de situaciones. Muchas personas se encuentran en este momento conviviendo con sus agresores.


Una medida que se repite en distintos países es la disposición de líneas telefónicas o páginas web de emergencia y, en el mejor de los casos, el establecimiento de casas de acogida para personas en situación de VBG.


Lamentablemente, la versión más extrema y dolorosa de la VBG se hace presente cada día con el reporte de un número creciente de feminicidios durante las cuarentenas de COVID-19. Sólo por nombrar algunos: Bolivia registró 3 feminicidios en la primera semana de cuarentena, México reporta 103 mujeres asesinadas, Colombia confirma 12 feminicidios, Argentina 22, Costa Rica 2, sólo por nombrar algunos países


A lo largo de nuestro análisis, detectamos la falta de datos o estadísticas de otras formas de VBG, como por ejemplo, la afectación que produce en las personas trans. A pesar de ello, algunas noticias han informado el impulso de medidas que no han tenido en cuenta una visión no binaria de los géneros. Por ejemplo el establecimiento de prohibición de circulación con base en el criterio de “mujer/hombre” para permitir la salida a las calles en países como Perú o Panamá. Estas medidas repercuten directamente en el bienestar de la población no binaria, comprometiendo su derecho a la movilidad por no coincidir o dejandose a la voluntad de la autoridad que regula, con las medidas de restricción ante la pandemia.


A su vez, recobra relevancia el análisis de los roles del trabajo doméstico no remunerado, la asignación de tareas de cuidado y la feminización de la pobreza. ONU Mujeres informa que en el mundo el 70% del personal de atención en primera línea hospitalaria son mujeres. Históricamente, las mujeres han adoptado las tareas de cuidado como trabajo impuesto. Durante su crecimiento, la enseñanza y muchas veces la adopción del ‘deber ser’ las responsables de estas tareas domésticas a partir de la relación de hermana, madre o esposa. Esto se refleja en la adopción de este rol en los espacios profesionales relacionados con ‘cómo debe (o no) ser una mujer’.


Existe un recargo en las labores diarias de la mujeres, donde para muchas, además de encargarse de los cuidados de su familia o grupos vulnerables, son responsables de la búsqueda de insumos alimentarios.


Costa Rica informó que cerca de 600 mujeres en condiciones de pobreza se benefician con la ayuda que brinda el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) y que durante la pandemia su condición se intensificará y su condición se verá aún más perjudicada.


Algunas noticias informan sobre el descuido de los elementos de salud menstrual para las funcionarias que se encuentran atendiendo la emergencia en los centros de salud. Creemos que el uso de elementos de higiene menstrual y su disposición puede ser un tema poco visibilizado a la hora de la planificación y particularmente en relación a las necesidades del personal sanitario.


Esta pandemia ha dejado al descubierto fallas estructurales que revelan las desigualdades e inequidades en el desarrollo social.


En esta cuarentena y con las cifras analizadas al momento, nos preguntamos cuántas llamadas de ayuda por violencia no son realizadas, cuántos trans femicidios se quedan en los vacíos estadísticos, qué pasa con los esfuerzos invisibilizados de cuidadoras y trabajadoras informales.


Las acciones institucionales planteadas aún tienen que generar propuestas más interseccionales y que vayan mucho más allá. Por ejemplo, en el caso de España y Argentina encontramos una gran cantidad de información vinculada a múltiples líneas de acción para evitar la violencia, incluso impulsadas desde altos mandos con jerarquía ministerial o institucional. Sin embargo, las cifras de VBG van en aumento y los feminicidios no se detienen.


Las pandemias sí saben de género, etnia, clase y territorialidad. Los grupos más vulnerabilizados están en la primera línea en la emergencia sanitaria. Sin embargo, los puestos de poder siguen estableciendo sus líneas de acción solo en función de sus necesidades. Se necesitan acciones que reduzcan los femicidios y la VBG a través del posicionamiento de este tema en las mesas de decisión. El trabajo por tejer es desde lo individual y comunitario, hasta la acción interinstitucional y política.


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